
Agosto sin prisas: qué hacer cuando sientes que el verano ha pasado de largo
Al principio del verano parece que queda muchísimo tiempo por delante. Se puede ir a nadar, organizar un pícnic, ver una película al aire libre, contemplar el amanecer, visitar una ciudad cercana y pasar al menos algunas tardes fuera de casa. Pero entonces llega agosto y, de pronto, el verano se convierte en una fecha límite.
En las redes sociales aparecen listas de «cosas que hay que hacer antes del otoño», fotografías del mar, festivales, excursiones y largas cenas en terrazas. Incluso una tarde cálida y corriente empieza a parecer la última oportunidad para vivir el verano de la manera correcta. Surge una sensación desagradable: los demás ya han reunido su colección de recuerdos veraniegos y tú te has perdido algo.
Por qué agosto parece el final aunque el verano todavía continúe
Sí, agosto realmente nos acerca al otoño, pero la sensación de prisa no aparece únicamente por el calendario. Al verano se le suele atribuir de antemano un significado especial. Se supone que debe ser luminoso, libre y estar lleno de acontecimientos. Esperamos más de él que de una estación cualquiera. Por eso, al final de agosto, no valoramos solamente las últimas semanas, sino el verano entero:
- ¿He descansado lo suficiente?
- ¿Me ha ocurrido algo interesante?
- ¿He aprovechado el buen tiempo?
- ¿Tendré algo que recordar en invierno?
Pero el verano no es un proyecto que haya que entregar el primero de septiembre. No tiene un programa obligatorio ni una cantidad mínima de aventuras. A veces transcurre de forma ruidosa; otras veces, con tranquilidad, entre el trabajo, las tareas domésticas, los paseos cortos y alguna que otra tarde junto a una ventana abierta. Un verano tranquilo no tiene por qué ser un verano perdido.
Las fotografías ajenas parecen más completas que nuestra propia vida
Rara vez vemos el verano entero de otra persona. Normalmente solo tenemos delante una selección de momentos: el mar, un desayuno bonito, un concierto, un viaje, una puesta de sol. Entre esas fotografías también hubo días corrientes, calor en el transporte público, cansancio, trabajo, planes cancelados y tardes en las que esa persona simplemente vio una serie.
Pero el verano de los demás aparece organizado en una colección ordenada, mientras que el nuestro lo vemos por completo. Por eso la comparación casi siempre es injusta. Además, lo más impresionante no tiene por qué convertirse en lo más valioso. Dentro de unos meses, quizá recordemos mejor no un gran viaje, sino un paseo improvisado después de la lluvia, el sabor de una sandía fría o una conversación en un balcón. Los recuerdos del verano no tienen que parecer espectaculares desde fuera.
Intentar recuperarlo todo convierte agosto en un maratón
Cuando parece que queda poco tiempo, surge el deseo de llenarlo urgentemente de actividades. En una sola semana hay que visitar una exposición, organizar un pícnic, salir de la ciudad, ver el amanecer y encontrar el mejor postre del verano. Al final, el descanso vuelve a convertirse en una lista de tareas. Cuanto más larga es la lista, más difícil resulta decidir por dónde empezar. Y cuando solo conseguimos cumplir un punto, todos los demás siguen recordándonos lo que ha quedado pendiente.
A veces es mejor no intentar salvar todo el verano, sino elegir un pequeño deseo para agosto. No «salir a caminar más», sino volver a casa una vez por una ruta distinta. No «hacer un viaje de verdad», sino pasar un día en algún lugar cercano. No «pasar todas las tardes fuera», sino cenar en un parque. No «crear el recuerdo perfecto», sino dejar unas horas libres del horario habitual.
Un pequeño acontecimiento no arregla el verano, porque el verano no necesita que lo arreglen. Simplemente añade al tiempo que queda algo que de verdad te apetece hacer ahora.
Una rueda para pequeñas decisiones de agosto
Cuando resulta difícil elegir, se puede preparar una lista corta de ideas sencillas:
- comprar fruta de temporada;
- dar un paseo junto al agua;
- leer en un parque;
- ir a una cafetería desconocida;
- ver una película junto a una ventana abierta;
- contemplar la puesta de sol;
- visitar un barrio cercano;
- preparar una cena de verano.
Añade las opciones a la rueda y deja que te ayude a decidir por dónde empezar.
Girar la rueda¡Meowracle recuerda que el resultado no es una orden! A veces basta con observar tu reacción. ¿Te ha gustado la opción elegida? ¿Has querido sustituirla inmediatamente por otra? ¿Te has dado cuenta de que, en realidad, llevas tiempo pensando en un paseo al atardecer y no en un viaje? El azar no está aquí para decidir cómo debes pasar los últimos días del verano. Simplemente te ayuda a dejar de comparar todas las posibilidades al mismo tiempo.
El verano puede haber pasado de forma más tranquila de lo que esperabas
Quizá este verano no hubo ningún gran acontecimiento, pero sí hubo días que viviste, cosas que observaste y momentos en los que sentiste calma. A veces solo en otoño comprendemos de repente que el verano ha quedado en la costumbre de comprar melocotones, en una fotografía de la luz del atardecer o en una canción que escuchábamos a menudo en julio.
Agosto no exige que te vuelvas urgentemente más activo y más feliz. No tiene que ser el último intento de «aprovechar el verano», sino una continuación normal de la estación. Puedes elegir un pequeño deseo y dejar el resto sin hacer, porque no existe ninguna obligación de llenar tu tiempo hasta el límite.



